CADDY ADZUBA, PREMIADA POR EL CLUB DE LAS 25
Curro Cañete Leyva - 24/01/2010
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El pasado 19 de enero, durante una comida del Club de las 25 se le entregó su premio (¡al fin!) a Caddy Adzuba, esa periodista congoleña amenazada de muerte que, por problemas de visado y de su país, no había podido estar en España –pese a todos los intentos y esfuerzos llevados a cabo por el Club de las 25 y Vicepresidencia del Gobierno– en la pasada entrega de premios. El caso es que, finalmente, tuvimos a Caddy entre nuestras simpatizantes y socias y pudimos escuchar su historia, una historia francamente aterradora y cruel e injusta que dejó a más de una y a más de dos con la comida y el corazón en la boca y la lágrima en el ojo.
Caddy,que nació en 1981 en Bukavu, población de la República Democrática del Congo (lo de “democrática” es casi una provocación) y que estudió Derecho en su país, empezó a trabajar de periodista en 2002, precisamente cuando se vio afectada por la guerra del Congo.
Ella, al igual que otras periodistas de su país, lucha con todas sus fuerzas y no sin ingentes dosis de valentía (su vida ha corrido peligro muchas veces por decir lo que piensa: tiene amenazas de muerte grabadas en su móvil) porque en el Congo la mujer pueda hacer algo tan simple como ganarse la vida trabajando en el campo y haciendo pequeños comercios con los que obtener el dinero necesario para dar alimento a sus hijos. “No pedimos mucho. Todo lo que pedimos es que no nos violen ni nos maten. La situación de la mujer en mi país es catastrófica”, explicó Caddy durante la charla:
“Cuando comenzó la guerra y llegaron los rebeldes el cuerpo de las mujeres se convirtió, directamente, en campo de batalla. Más de 300.000 mujeres son víctimas de violencia sexual en mi país. La más joven ha sido violada con tres meses y la más vieja con 82 años. Pero los violadores en Congo utilizan otros medios. Cogen un cuchillo, por ejemplo, y lo introducen en el órgano sexual de la mujer. Cortan el clítoris. También cogen bolsas de plástico, las queman y las encienden e introducen en el órgano sexual de la mujer, y también introducen piedrecitas y otras veces cortan desde el ano hasta la vagina. Son casos bastante habituales entre las violaciones a mujeres. Pero pondré un ejemplo concreto. Justo antes de venir a España visité a una mujer que había sido visitada por los rebeldes. Ella vivía en su casa con su marido y sus cinco hijos. Un día, después de la cena, entraron los rebeldes en su casa y eran siete. Violaron a la mujer delante de sus cinco hijos y su marido. Obligaron al hijo mayor a violar a su madre. Como el marido opuso resistencia, empezaron a cortarle la oreja, la lengua, la nariz… delante de sus hijos. Luego los rebeldes se fueron a la selva y se llevaron a la mujer y a los cinco hijos. Allí les sirvió como esclava sexual durante una semana. El quinto día la mujer preguntó que dónde estaban sus hijos. Los rebeldes que la tenían secuestrada le explicaron que se los había comido (eran la carne que le habían dado de comer a la mujer durante esos días). Ella les pidió que la mataran porque no podía seguir viviendo. Los rebeldes le dijeron que no tenía derecho a morir y que tendría que vivir siempre con esa culpa. A la mujer la encontramos por la carretera, la llevaron al hospital. Llevaba una bolsa de plástico cerrada que olía muy mal. Yo le pregunté que qué había dentro y ella respondió:
–Son mis hijos.
Abrí la bolsa y me desmayé cuando vi dos cabezas descompuestas. Le pregunté a la mujer si podía enterrarlas. Ella no quería. Finalmente cogimos tres cabezas pero ella aún continúa con una cabeza y no se la pudimos quitar. Hoy sigue en el hospital y duerme con la cabeza descompuesta. Es un ejemplo, pero son 300.000 mujeres más las que están así. Muchas tienen Sida y muchas están traumatizadas. En mi país están destruyendo a las mujeres, y sus maridos también están traumatizados. Y esto SIGUE EN SILENCIO. Nadie habla de ello. Es una catástrofe humanitaria y los medios de comunicación no lo difunden. Este desastre comenzó con la guerra en 1996. Y no es algo que no tenga cerca de mí: les suceden cosas así a muchas de mis amigas, y a miembros de mi familia. Es por eso por lo que decidimos unir fuerzas. Entonces tenía 19 años y estudiaba Derecho. Pensé que tenía que hacer algo por las mujeres de mi país y elegí el oficio de periodista. Nos unimos en torno a una asociación de mujeres. Y nos propusimos que las mujeres de mi país hablaran. Pero las que habían sido violadas no querían hablar. No podían hablar. Hemos ido hacia esas mujeres para sensibilizarlas y que hablaran de lo que había ocurrido. Eso nos llevó seis años. En 2006 comenzaron a hablar las mujeres. Y abrimos un espacio para estas mujeres, para ayudarlas a integrarse de nuevo y para que los periodistas internacionales las conocieran. Lo tuvimos que cerrar porque se convirtió en una especie de zoológico en el que los periodistas internacionales llegaban, las veían y se iban. Finalmente, para la difusión, encontré Radio Okapi, emisora de la Misión de Naciones Unidas en el Congo que se escucha en todas las partes del país. Por eso estoy amenazada de muerte. Por eso a día de hoy soy persona “non grata” en mi país. Y por eso en mi país vivo con el miedo de que una bala me dé en la cabeza en cualquier momento.”
Caddy continuó hablando durante dos horas más (respondiendo también las cuestiones planteadas por las presentes). Ella lo único que pretende es que el Parlamento Europeo presione sobre el Gobierno de su país para que se cumpla la resolución 1325 de Naciones Unidas sobre “Mujeres, Paz y Seguridad” para que, de este modo, se protejan a las mujeres de su país. Lo único que pretende es que se cumpla la legalidad internacional, y que los medios de comunicación no guarden silencio ante semejante catástrofe humanitaria.