Desde el feminismo a la realidad
Carmen Calvo - 29/06/2009

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Una parte considerable de los logros políticos en materia de libertades y derechos civiles del siglo XX han sido propuestos por las mujeres en general, y en particular por las propuestas del feminismo como movimiento político. A pesar de ello, el tópico estigmatizante no cesa de pesar sobre las feministas. La respuesta está en el hecho de ser la única revolución humana vista que no se produce con las características tradicionales de otros movimientos de liberación humanos. Los géneros se unen en nombre del “amor”, y a veces terminan en la tragedia de los asesinatos machistas, o de los femenicidios; es decir, la violencia de género. Y es que quienes tienen que desprenderse de sus privilegios no lo hacen de buena gana.

Lo malo de esta situación, además y sobre todo, de la tragedia de la violencia y de las muertes, es que la aportación de las mujeres a la renovación de la política, de los contenidos y de los temas de la misma, en pleno siglo XXI, no se produce con toda la intensidad que los problemas de hoy necesitarían. No, porque, entre otras muchas cosas, lo femenino no proyecta imagen de poder, de prestigio, de influencia. Es todavía un esfuerzo sobrehumano el que hay que hacer para que no se convierta la presencia de las mujeres y la transformación que esa presencia debería provocar en una mera ratificación y adorno de un orden establecido: el machismo más o menos dulcificado que así simplemente se afianza con otro rostro. El feminismo no sirve para un lavado de cara del patriarcado, sino para provocar cambios profundos en los temas centrales del modelo humano, que no puede estar basado mas que en la igualdad de posibilidades de todos y en la riqueza de la diversidad de cada uno de nosotros, donde las mujeres somos iguales y diversas y, sobre todo, ciudadanas plenas.


Carmen Calvo, ex ministra de Cultura, dio una interesante charla a las socias y amigas del Club de las 25 el pasado 18 de junio, en el transcurso de un almuerzo en el Hotel Palace.